ANTONIO RAIMONDI Y LA REPRESENTACIÓN DE LA NATURALEZA EN EL PERÚ

Museo del grabado ICPNA presenta Antonio Raimondi y la representación oficial de la naturaleza en el Perú republicano, con curaduría Luis Felipe Villacorta.

ANTONIO RAIMONDI Y LA REPRESENTACIÓN DE LA NATURALEZA EN EL PERÚ

La muestra contará con una numerosa selección de acuarelas originales y grabados de época, producidos para la obra El Perú de Antonio Raimondi. Asimismo, estará acompañada de otros materiales bibliográficos y documentales que dan contexto al guion curatorial.

 

Esta iniciativa ha sido desarrollada entre el Instituto Cultural Peruano Norteamericano (ICPNA) y la Asociación Educacional Antonio Raimondi (AEAR).

 

Es la primera muestra en el año en el Museo y es también el primer evento del año del programa conmemorativo por el bicentenario del nacimiento de Antonio Raimondi (1824-2024). 

Texto curatorial. Por Luis Felipe Villacorta.

A mediados del siglo XIX Italia no existía como unidad política. El Congreso de Viena de 1815 restauró en Europa la legitimidad absolutista previa a la revolución francesa y las guerras napoleónicas. En este contexto, las regiones itálicas se dividieron de acuerdo con el interés de las potencias europeas hegemónicas. Solo el reino del Piemonte y Cerdeña permaneció autónomo bajo el liderazgo de la casa Saboya. Sin embargo, el pálpito nacionalista alimentaba la causa popular de la unidad e independencia.

 

Este largo y, por momentos, cruento proceso político se desarrolló en un escenario socioeconómico particular: la segunda revolución industrial. En este contexto, Milán destacó como la ciudad más desarrollada. Su ubicación estratégica en el productivo valle del Po, su liderazgo en la industria textil de la seda, y su condición de “nudo de caminos” de rutas comerciales, consolidaron una activa burguesía mercantil.

 

Este empuje ciudadano remodeló el escenario científico y técnico local cuando, en 1838, se fundaron el Museo Cívico de Historia Natural y la Sociedad de Fomento de las Artes y Oficios. Estas nuevas instituciones potenciaron la oferta cultural y formativa milanesa, representada por los emblemáticos Observatorio Astronómico y Jardín Botánico de Brera (JBB), así como las Bibliotecas Ambrosiana y Braidense. Las escuelas milanesas de nivel medio o liceo se vincularon estrechamente con estas instituciones, tanto a nivel curricular como entre quienes ejercían la docencia. Liceos como San Alessandro y Porta Nova incluían el curso de historia natural y botánica. El profesor de este curso era a la vez curador del Jardín Botánico de Brera.

Balsamo Crivelli fue profesor de botánica de ambos liceos y, por lo tanto, estaba a cargo del mencionado Jardín Botánico. Crivelli también fue miembro del Museo Cívico de Historia Natural, donde alternó con Emilio Cornalia, figura histórica de esta institución. Otro científico relevante fue el químico Antonio de Kramer, miembro del Museo Cívico y docente de la Sociedad de Fomento de las Artes y Oficios. Es interesante resaltar que la esposa de Kramer era hermana de Cornalia. Así, lazos académicos, institucionales e incluso familiares, consolidaron una élite científica milanesa de vocación cosmopolita.

 

Investigaciones recientes han comprobado que Antonio Raimondi fue ajeno al círculo científico milanés. No participó de sus instancias académicas (liceos) ni de sus escenarios de consagración científica (congresos, cursos, museos), ello a pesar de ser un frecuente visitante del Jardín Botánico. Sin embargo, Milán le ofreció un ambiente propicio que potenció su vocación como naturalista. El negocio familiar — pastelería vecina a la Piazza del Duomo— debió darle cierta estabilidad económica para afrontar con éxito su formación autodidacta.

 

Antonio Raimondi participó activamente en la Rebelión de Milán (1848) y la Defensa de la República de Roma (1849). El fracaso de estas insurrecciones lo impulsaron a emprender nuevos rumbos. En el camino de Milán al puerto de Génova recibió una carta de Cornalia, quien lamenta no haberlo conocido y le ofrece ser corresponsal del Museo Cívico. Era diciembre de 1849; Raimondi iba rumbo al Perú.

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