EXTRAÑAMIENTO Y ANTICIPACIÓN: ORNELLA POCETTI E IVANA DE VIVANCO EN MACBA
El Museo de Arte Contemporáneo de Buenos Aires (MACBA) presentó la obra de dos artistas mujeres. En ¿Cómo suenan las lágrimas antes de secarse?, de Ivana de Vivanco se construye una advertencia. Las serpientes con su capacidad de percibir la catástrofe. En Curada de espanto, Ornella Pocetti reúne escenas que contienen una historia que nunca termina de revelarse. Ambas sostienen el abismo desde la anticipación y la sospecha de un extrañamiento. Solo hay que prestar atención.
Curada de espanto es una frase muy popular; nada puede asustarme, porque ya viví lo peor. Pero hay que pasar por lo peor, lo más horrible, vivencias inimaginables, traumáticas, insólitas pero reales. A veces, solo la magia cura el espanto; como se cura el empacho, el mal de ojo o la insolación. Las mujeres de las obras de Ornella Pocetti (Buenos Aires 1991) viven escenas terroríficas: flechazos en su cuerpo, decapitaciones, ven flores que sangran, las cubren espinas de rosas, las amenazan manzanas envenenadas, pero sus expresiones son neutrales, quizá curadas, quizá acostumbradas. Esta ficción que nos presenta la artista, su mitología, su realismo mágico, su propia femgore, está construida de manera tal que queda incompleta. La narrativa tiene saltos, suspiros, lagunas. En MACBA, Ornella y el curador Carlos Guitérrez, armaron una muestra que, aunque tenga piezas cargadas en elementos –flores, gotas, llaves, guantes, manzanas, moscas, vasos, volcanes, manos—dejan un gran vacío. Producen una película sin guion, una novela de capítulos desordenados, una especie de “elige tu propia aventura”, para quedarse horas preguntándose ¿de qué hablan esas mujeres que parecen todas una? ¿qué miran en el bosque? ¿la chica con cuerpo de espinas nació con ellas? ¿La dañan o protegen? ¿Quién le cortó la cabeza a esa mujer? ¿Vi a esta mujer antes? ¿Ese mundo, es también el mío?
Divide la sala del museo un arco amarillo, un color claro, poco vibrante, nada alegre, quizás el mismo tono del cuento El papel tapiz amarillo (1890) de Charlotte Perkins Gilman. En la ficción, una mujer que cree estar enferma se interna tres meses en una estancia para curarse de males. Pero en su estadía se obsesiona con interpretar los dibujos que se forman en un papel tapiz de una pared descascarada; estos dibujos terminan escribiendo su destino. Intenta leer lo extraño, que la sentencia. O es que ya estaba sentenciada y se le estaba dando una advertencia. Será que no se cura el espanto, será que no se puede elegir la aventura.
En el famoso cuento La Soga (1970) de la escritora argentina Silvina Ocampo, el niño Antoñito descubre una soga. Pero la soga que al principio fue una hamaca, después un arnés y después muchas otras cosas, al final fue, una serpiente. Antoñito juega con su imaginación, eligió su propia aventura y su espanto no lo cura, lo termina matando.
La serpiente es el animal de la traición. Avanza hacia atrás y tienta a morder la manzana. Pero también cambia de piel. Se renueva. Y, en la video-instalación de Ivana de Vivanco (Lisboa, Portugal, 1989) ¿Cómo suenan las lágrimas antes de secarse?, toma forma de oráculo.
La artista regresó al desierto de Atacama durante dos años y medio para investigar, establecer vínculos y recolectar imágenes y sonidos. Allí encontró la extraordinaria riqueza de un territorio con sus heridas producidas por la extracción de litio y cobre. Y a la serpiente.
A partir de estudios sobre el reptil, se registró su capacidad para percibir movimientos telúricos antes de que sean registrados por los humanos. De Vivanco imagina una serpiente capaz de anticipar también las catástrofes provocadas por la acción humana. La convierte en profeta y guardiana junto con los sonidos que la artista registró en el territorio del viento, la arena, el agua y el litio corriendo por las tuberías de la mina. La serpiente camina hacia atrás, busca suspenderse en otro tiempo o anticiparse a la renovación.
Ambas exposiciones proponen aprender a desconfiar. Una serpiente que augura, una mujer inmersa en su propio extrañamiento, un territorio reactivo, un mundo donde, como dice Silvina Ocampo, lo raro siempre es lo más cierto.
Las muestras pueden visitarse hasta el 9 de noviembre de 2026 en MACBA, Av. San Juan 328, en el barrio de San Telmo, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina.

