HACERLE TRAMPAS AL TIEMPO, EN FORNER Y LÓPEZ
En la galería Ruth Benzacar se encuentran EL ORIGEN DEL MUNDO y Futuro acontecer; dos artistas argentinas construyen a partir de temporalidades distantes, pero de alguna manera propias.
Las disciplinas artísticas, de manera ineludible, construyen narrativas de contexto. La historia del arte señaló ejemplos innumerables de cómo las distintas obras están teñidas por sus respectivos escenarios históricos; el futurismo responde a una fascinación italiana por la modernidad industrial, el dadaísmo rechaza la razón como respuesta al sinsentido de la Primera Guerra Mundial, el muralismo mexicano legitima la identidad de la Revolución Mexicana, el arte concreto rompe con la figuración europea en sintonía con la modernización industrial argentina de posguerra, el Pop Art ironiza sobre la sociedad de consumo, y los ejemplos continúan. Los artistas producen, de manera intencional y no también, lo que atraviesa o atravesó su espacio. ¿Y cuando retratar lo que sucede implica también pintar el porvenir? En las distintas artes, como en el cine, las imágenes predictivas son evidentes. Como las películas del siglo pasado; robots que amenazan el trabajo humano, vigilancia constante de los ciudadanos, contaminación, expediciones espaciales para salvar la población. La profecía se cumplió. Lucrecia Martel en una charla del Bogotá Audiovisual Market se pregunta si no será que las profecías son las que generan el cumplimiento. De ser así, entonces la producción artística puede inventar el futuro.
Entre los títulos de las muchas obras de Raquel Forner (Buenos Aires, Argentina, 1902-1988) se leen Presagio y también Premonición. La artista argentina pintó alrededor de cincuenta años, en grandes rasgos, expresionismo simbólico surrealista hacia una última etapa de una nueva figuración. Dedicó su producción desde 1937 al 1957 a series inspiradas por las tragedias que asolaron la humanidad. Se preguntaba qué era capaz de hacer el hombre. Desde 1957 su temática viró (o no), y de ahí en adelante trabajó en las Series del espacio, pintó seres que, en las angustias de su tiempo, se lanzaban hacia la búsqueda de nuevos mundos y otras posibilidades. Asombrada por la llegada del hombre a la luna y su reproducción en la televisión, dibuja terráqueos –seres cargados de flaquezas, fuerzas, conocimientos y debilidades-- que se convierten en mutantes e híbridos tras encontrarse con los astroseres, habitantes originarios del cosmos. Para Marcelo E. Pacheco, Forner crea en estos trabajos “un mundo nuevo para una nueva dimensión, para un futuro acontecer que celebre la vida y termine con la violencia. Los mutantes y los astroseres tratan de crear un universo que permite la hermandad entre el nuevo hombre”.
“‘Angustia mutada en creación’ escribe Forner antes de realizar estas obras. La frase nombra con precisión una postura que la ciencia ficción feminista de los setenta también sostiene: el desastre no se niega, se atraviesa y se convierte en materia”, redacta Larisa Zmud, curadora de la muestra Futuro acontecer en Ruth Benzacar. La mirada optimista de la artista presenta un hombre nuevo que mientras conquista tecnologías también reconoce que la supervivencia depende de la interdependencia con otras especies. El conjunto de obras de sus últimos años de vida plantea “la convicción de que inventar futuros donde sea aún es posible”, agrega Zmud.
Así como Forner pincelaba para construir realidades, López juzga una construida por otros: el Realismo del siglo XIX. Durante esta etapa los artistas buscaban alejarse del Romanticismo y el Neoclasicismo; su objetivo principal no era buscar la belleza ideal, sino capturar la verdad objetiva. Pero el realismo, lejos de ser un registro neutro, “reprodujo y legitimó las relaciones de poder ya existentes en el sistema político y social europeo”, escribe Sofía Dourron, curadora de la muestra EL ORIGEN DEL MUNDO de López en Ruth Benzacar. López, artista visual y cineasta, toma la famosa obra de Gustave Courbet de 1866, con título homónimo, donde retrata la vulva de una mujer desnuda (posiblemente su amante). En la galería se proyecta en grandísimo tamaño, pero a escondidas, la vulva, el torso, las piernas la panza, de una mujer desnuda. La viva imagen de la modelo de Courbet, pero esta respira, respira y oye. Porque el corto que produce López pretende incorporar con el sonido del video, el campo fuera de cámara. ¿Para qué derrumbar la ficción? Las conversaciones de fin de toma que se escuchan en el video “proponen una reflexión sobre el arte el anonimato y el acto de mirar”, escribe Dourron. La pintura de Courbet, hecha para la contemplación de un cuerpo pasivo sin rostro, se convierte en herramienta reveladora de percepciones. La obra pone las reglas de cómo miramos.
López desarma El origen del mundo y también arma collages sobre espejos con distintas figuras legitimadas/legitimadoras de la historia del arte que las pega con recortes de libros y revistas, exponiendo los mecanismos de construcción de las imágenes. Reconfigura las narrativas del pasado, narrativas que no quedaron en el pasado, sino que son parte de una historia de validaciones. La artista propone validar un collage que incluye nuestro reflejo al mirar la obra. “Vemos con la mente”, dijo la artista, “no somos neutrales”.
Será entonces, que construir narrativas, no solo tiene que ver con pintar el presente. Será que pueden pintarse premoniciones y que estas se cumplan. Será que, si se modifican los engranajes pasados, si se liberan los marcos que sostienen los lienzos, y la modelo de Courbet oye y respira, puede modificarse el presente. Se podrá hacer trampa y manipular el efecto mariposa. Convertir las ucronías en historia. Será que para eso que estudiamos una y otra vez el pasado. Será que para eso se pinta.
Raquel Forner: Futuro Acontecer y JAZMÍN LÓPEZ: EL ORIGEN DEL MUNDO pueden visitarse hasta el 29 de agosto en Ruth Benzacar, Juan Ramírez de Velasco 1287, Buenos Aires, Argentina.

